¡El Real Madrid se ha proclamado campeón de la primera Supercopa de la Euroliga de la historia! El equipo blanco se ha impuesto al Olympiacos, vigente rey de Europa, con otra lección de resistencia y de saber sufrir, manteniéndose en el partido fuera cual fuera la amenaza de su rival (89-93). Se vengó de aquella derrota de mayo en Atenas con un triunfo cuyo amplísimo valor se pudo ver en los rostros de uno y otro bando tras sonar la bocina.
Más de un año, concretamente 451 días, habían pasado del último título de los madridistas, aquella Liga Endesa de 2025 que ganaron en Valencia con Chus Mateo aún en el banquillo. Sergio Scariolo sustituyó al madrileño y se quedó a las puertas en tres finales y Pedro Martínez, que presenció el anterior éxito de los blancos desde el otro lado de la cancha, ya toca metal en su segundo partido como entrenador del Real Madrid. Su proyecto desprende un gran aroma.
Un equipo que conserva como pilar fundamental a Edy Tavares, que mantuvo el nivel de la semifinal y fue nombrado el MVP de la final de la Supercopa… y sólo estuvo 19 minutos en cancha al cargarse de faltas. También a Facu Campazzo (7 puntos, 9 asistencias y 17 de valoración), al que ahora le acompañan dos pedazos de bases como son, sobre todo, Andrés Feliz, decisivo en la canasta de la victoria que sentenciaba a Olympiacos a falta de 6,9 segundos, y Théo Maledon, ¡+27! el Real Madrid con el francés en cancha.

Y, cómo no, tres fichajes que son tres aciertos: con Timothé Luwawu-Cabarrot (12 encestes y 10 créditos), Jaime Pradilla (11, 5 asistencias y 12) y Mikael Jantunen (11 y 13) se puede aspirar a lo máximo. Ir mencionando uno por uno es posible en un equipo (grande) como el que está configurando Pedro Martínez, en el que los 12 se sienten importantes. De momento, ya se ha cargado al millonario proyecto dubaití y al campeón de la Euroliga, reforzado este verano con mimbres como Jean Montero, y con dos MVP de Final Four como Evan Fournier y Sasha Vezenkov. Entre los tres, total de 48 encestes, más de la mitad del conjunto de El Pireo.
El Madrid, mejor de inicio a fin
El Real Madrid dio el primer golpe de efecto saliendo antes que Olympiacos de unos primeros minutos sin mucho brillo ni de uno ni de otro, propios de una final de septiembre. Los blancos lo terminaron bordando en el primer cuarto. Corrigieron pérdidas, se repartieron los puntos como demanda su entrenador y Campazzo irrumpió con sus pases. Fueron seis asistencias del argentino al término de la primera parte.
La entrada de Fournier, inédito en el primer cuarto, y la mejora de Montero y Vezenkov hicieron crecer a un Olympiacos que cerró el segundo periodo con 28 puntos anotados (23 del Madrid, sólo uno menos que en el anterior). Lograron los griegos desmontar la férrea defensa del Madrid en el inicio, pero los de Pedro Martínez se mantenían arriba con ventajas de hasta 10 puntos.
Afloró esa coralidad de la que el catalán quiere hacer el sello de identidad de su equipo. El dato que lo comprueba fue que 11 de los 12 anotaron en la primera parte. Sólo Feliz no encestó y terminaría siendo clave en el triunfo. Para enmarcar el triple de Jantunen al cierre del segundo cuarto, elevándose sobre Montero sin apenas espacio para maniobrar. El finlandés quiere parecerse al que despuntó en París que al que decepcionó en Estambul la pasada temporada.
El Olympiacos salió enérgico a la segunda parte, con siete puntos sólo en el primer minuto, y maximizó la superioridad del gigante Donta Hall sobre Damian Jones en el tramo sin Tavares (ocho puntos del pívot en el tercer cuarto). Pero el Real Madrid se levantó, supo sobrellevar el sufrimiento como con Dubai, incluso en desventajas alarmantes (61-56 y 65-60), y, con Maledon sorprendentemente al frente de la nave (llegó a las seis asistencias cumplida la media hora de juego), se marchó al último acto con el marcador de su lado (72-75).
Fournier lo aprieta todo
La tensión era máxima. Si no, quizá Cory Joseph no hubiera fallado dos tiros libres tras la cuarta personal de Tavares, que coincidió en cancha durante unos segundos con un Luwawu-Cabarrot que también estaba a una de la expulsión. Apenas se notó la ausencia del caboverdiano con la irrupción de Jones, que mejoró ostensiblemente lo visto hasta el momento de Sarr.
El caso es que el Madrid se aferraba a su ventaja sin importar la amenaza que se presentase del amplio arsenal griego. Tablas de un equipo grande en el segundo día. Si Vezenkov hacía el triple del partido, Feliz respondía anotando entre dos torres. Si el búlgaro volvía a anotar, pues Luwawu-Cabarrot contestaba con otro canastón. Seriedad a la hora de la verdad. Cuánto echaba eso de menos el madridismo.
La autoridad madridista provocó fallos en cadena de Olympiacos desde el perímetro. Hasta que, claro, Fournier volvió a enchufar. Su segundo triple ponía el 89-91 con 75 segundos por delante, que comenzaban con campo atrás del Madrid y pie de Pradilla. Los griegos disponían de 14 segundos para colocarse arriba, pero Montero regaló una posesión de oro a los de Pedro Martínez pisando por fuera de la cancha. No la desperdiciarían.
Regalo de Montero y Supercopa del Madrid
Otro canastón de Feliz, de nuevo hasta la cocina, ponía la puntilla al mayor gigante de Europa. Sólo quedaba una defensa y los blancos la ejecutaron a la perfección para terminar levantando el primer título de la temporada. La celebración reflejaba muchos malos tragos. Nada menos que seis finales perdidas a partido único en las dos últimas temporadas. Todo eso quedaba atrás en Abu Dabi. El Real Madrid por fin ha recuperado la sonrisa.
